El trastorno de ansiedad social no es aterrador: enfoques internos y externos para superarlo
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Como miembros de la sociedad, interactuamos a diario con todo tipo de personas. Una sonrisa amable de otra persona puede levantarte el ánimo de forma inexplicable; una mirada de disgusto puede dar lugar a una experiencia social totalmente desagradable. Algunas personas pasan sus días sumergidas en chats y juegos online, perdiendo gradualmente el interés por comunicarse con quienes les rodean. Esto puede fomentar el miedo a la interacción social, lo que conduce a la reticencia, el aislamiento y una existencia solitaria.En esos momentos, ¿te has preguntado alguna vez si podrías estar sufriendo un trastorno de ansiedad social?
¿Qué es exactamente este «síndrome social»?
La llegada de la era de Internet ha abierto nuevos ámbitos de interacción social. Para una minoría que se sumerge durante mucho tiempo en el mundo virtual, el miedo o la disfunción social que surge de la incapacidad de adaptarse a los entornos sociales o grupales de la vida real se denomina médicamente trastorno de ansiedad social, también conocido como fobia social.El trastorno de ansiedad social ocupa actualmente el tercer lugar entre los trastornos psicológicos más prevalentes, después de la depresión y el alcoholismo, y podría estar relacionado con las crecientes presiones de supervivencia de la vida moderna. Las personas afectadas experimentan un miedo marcado y persistente a las situaciones sociales o de rendimiento que implican a desconocidos o un posible escrutinio, y temen que su comportamiento o nerviosismo puedan provocarles humillación o vergüenza.
Enfoques de autoayuda
Los casos leves de trastorno de ansiedad social pueden no requerir la consulta con un psicólogo; el dominio de ciertas técnicas puede facilitar la autorrecuperación. A continuación se ofrece una guía detallada.
1. Absténgase de la autonegación. Recuérdese constantemente: «Soy la mejor versión de mí mismo» y «Cada talento tiene su propósito».
2. Evite las exigencias excesivas que se impone a sí mismo. Esfuércese por lograr lo que está dentro de sus posibilidades. Siempre que haya dado lo mejor de sí mismo, el fracaso no es motivo de preocupación.
3. Evite obsesionarse con experiencias pasadas desagradables. Deje atrás el pasado; nada importa más que el momento presente.
4. Trate a los demás con amabilidad. Ayudar a los demás es la raíz de la felicidad; le permite olvidar sus propios problemas y afirmar su propia valía.
5. Busque a alguien en quien confiar. Los problemas deben expresarse; comparta sus preocupaciones con una persona de confianza.Puede que no resuelvan tus problemas, pero te ayudarán a desahogarte. 6. Reserva diez minutos al día para la reflexión. La autoevaluación continua te prepara para afrontar nuevos retos. 7. Visita lugares concurridos. Observa el flujo constante de transeúntes y esfuérzate por saludarlos con una sonrisa. Intervención externa Los trastornos graves de ansiedad social requieren intervención médica profesional.El tratamiento externo consiste en superar las barreras psicológicas con la ayuda de otras personas, normalmente mediante el asesoramiento de psicólogos o amigos, siendo los profesionales de la psicología los más eficaces. 1. Hipnoterapia por parte de un psicólogo. Busque un profesional de confianza especializado en hipnosis para explorar el mundo interior del paciente, identificar sus miedos y sus causas fundamentales, y despertar gradualmente el valor para relacionarse socialmente.Aunque requiere sesiones regulares durante un periodo prolongado, la hipnosis produce resultados observables. 2. Intervención farmacológica por parte de psicólogos. Los problemas psicológicos a menudo se derivan de desequilibrios en los componentes corporales, similares a los trastornos endocrinos, que se manifiestan como anomalías en el comportamiento. La medicación específica puede restablecer gradualmente el equilibrio, guiando al individuo de vuelta a su funcionamiento normal. 3.Exposición forzada guiada por un psicoterapeuta. Se trata de un método directo para superar los miedos, que no requiere necesariamente la intervención de un psicoterapeuta, ya que también pueden ayudar los amigos o la familia. En pocas palabras, consiste en enfrentarse a lo que se teme. Por ejemplo, si se temen los espacios concurridos, se puede estar de pie en una calle muy transitada con los familiares, observando el flujo de gente que pasa. No hay que huir ni esconderse, ya que esto estimula la psique del paciente.
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