10 formas de malcriar a los hijos
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Estas diez formas de indulgencia son ejemplos típicos. Aunque no todas las familias las presentan todas, la mayoría muestra varios tipos o manifestaciones leves de cada una, lo que justifica la vigilancia. 1. Tratamiento especial El niño ocupa una posición privilegiada dentro de la familia y recibe un trato especial en todos los aspectos. Por ejemplo, se le puede dar acceso exclusivo a la comida, con productos selectos colocados ante él para su disfrute exclusivo.Ser tratado como «hijo único» significa que los abuelos pueden saltarse sus propios cumpleaños, mientras que la celebración del niño exige una gran tarta y lujosos regalos... Estos niños desarrollan un sentido de singularidad y se acostumbran a estar por encima de los demás, lo que inevitablemente los convierte en egoístas, carentes de empatía e incapaces de preocuparse por los demás.Durante las fiestas, los familiares y amigos suelen dedicarse a bromear y divertirlos sin cesar. A veces, los adultos se sientan en círculo alrededor del niño, en el centro, animándolo repetidamente a actuar y aplaudiéndolo constantemente. Estos niños llegan a creer que son el centro de atención, convirtiéndose verdaderamente en el «pequeño sol». Toda la familia gira en torno a ellos, sin dejarles tranquilidad en todo el día. Su atención se dispersa mucho y se vuelven excesivamente hiperactivos con los visitantes, interrumpiendo a menudo las conversaciones.
3. Fácilmente satisfechos
A los niños se les da todo lo que desean. Algunos padres incluso dan a los niños pequeños y a los alumnos de primaria una cantidad considerable de dinero para gastos personales, lo que hace que la satisfacción sea aún más fácil de alcanzar. Estos niños desarrollan inevitablemente malos hábitos: falta de aprecio por las posesiones, obsesión por las comodidades materiales, gasto excesivo y desprecio por las necesidades de los demás. Tampoco muestran paciencia ni capacidad para soportar las dificultades.
4. Indulgencia con la pereza
Permitir que los niños no tengan una rutina para comer, dormir, jugar o estudiar, dejándoles hacer lo que les plazca, dormir hasta tarde, saltarse comidas, holgazanear durante el día, ver la televisión hasta altas horas de la noche, etc. Estos niños crecen sin ambición ni curiosidad, con un enfoque laxo de la vida, distrayéndose fácilmente en sus esfuerzos y sin llevar las cosas a término.
5. Suplicar y persuadir
Por ejemplo: persuadir a un niño para que coma o duerma prometiéndole tres cuentos solo después de terminar su comida. La mentalidad del niño se convierte en una en la que cuanto más se le suplica, más se muestra tímido. Esto no solo no cultiva el discernimiento, la responsabilidad o un carácter sereno, sino que también erosiona toda la autoridad educativa.
6. Sobreproteger y hacer las cosas por ellos
Cuando pregunté a algunas madres si exigían a sus hijos que ayudaran con las tareas domésticas, algunas respondieron: «¡Apenas puedo soportar verlos sufrir, y mucho menos hacerlos trabajar!». Otras dijeron: «Hacer que el "pequeño" haga cosas solo causa más problemas; es más fácil para mí hacerlo yo misma».Así, los niños de tres o cuatro años siguen necesitando que les den de comer con cuchara y no pueden vestirse solos, mientras que los de cinco o seis años no realizan ninguna tarea doméstica. Privados de la alegría del trabajo y de la responsabilidad de aliviar la carga de sus padres, esta sobreprotección frena inevitablemente el desarrollo de un niño diligente, amable, empático, capaz y ambicioso. Esto no es en absoluto alarmista.
7. Hacer una montaña de un grano de arena
Naturalmente, «los terneros jóvenes no temen a los tigres»: los niños no temen al agua, a la oscuridad, a las caídas ni a las enfermedades. Después de caerse, a menudo se levantan en silencio y siguen jugando. Entonces, ¿por qué algunos niños se vuelven tímidos y propensos a llorar?Esto suele ser el resultado de que los padres y abuelos reaccionen con pánico cuando el niño está enfermo o siente dolor. La consecuencia final de tal sobreprotección es que el niño se niega a perder de vista a sus padres. Estos niños se caracterizan por su timidez.
8. Privarles de independencia
En nombre de la seguridad absoluta, los padres prohíben a los niños salir de casa o jugar con otros niños. Peor aún, algunos se convierten en «pequeñas colas», que nunca se alejan de sus padres o mayores: duermen pegados a ellos, se sientan acurrucados, los llevan a cuestas. Los tratan como si se fueran a derretir si los abrazan con demasiada fuerza o se fueran a escapar si los sueltan.Estos niños se vuelven tímidos e incompetentes, pierden la confianza en sí mismos y desarrollan dependencia. A menudo se convierten en «tigres en casa», intimidando dentro del hogar pero tímidos fuera de él, lo que da lugar a graves defectos de carácter.
9. Miedo a las rabietas
Habiendo sido consentidos desde la infancia, los niños recurren al llanto, a tirarse al suelo o a negarse a comer para coaccionar a los padres cuando están descontentos.Los padres indulgentes recurren a persuadirles, capitular, ceder y complacerles. Los padres que temen las rabietas de sus hijos son padres ineficaces; los niños que golpean o regañan a sus padres se convierten en rebeldes despiadados, sembrando las semillas del egoísmo, la insensibilidad, la obstinación y la falta de autocontrol en su carácter.
10. Defenderlos delante de ellos
A veces, cuando el padre disciplina al niño, la madre interviene: «No seas tan estricto, aún es pequeño».Cuando los padres disciplinan a su hijo, la abuela puede intervenir: «No puedes esperar demasiado tan pronto; mejorará naturalmente a medida que crezca. ¡Cuando tú tenías su edad, no eras ni de lejos tan bueno!». Naturalmente, un niño así se vuelve «incapaz de ser educado», carente de cualquier sentido del bien y del mal, constantemente protegido por un paraguas protector y un refugio. Las consecuencias van más allá de un carácter distorsionado, causando a veces discordia familiar.
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