No existe un protocolo de tratamiento fijo y absoluto para la enfermedad de Parkinson
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La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo común que afecta a personas de mediana edad y ancianos. Los estudios epidemiológicos indican una tasa de prevalencia del 1,7 % entre las personas de 65 años o más en China. Con el crecimiento de la población de mediana edad y anciana del país, se prevé que el número de casos de Parkinson siga aumentando, lo que merece una atención especial.
¿Por qué se produce la enfermedad de Parkinson? ¿Cuáles son sus síntomas principales?
Los conocimientos actuales sugieren que la enfermedad de Parkinson es el resultado de la degeneración progresiva de las neuronas dopaminérgicas de la sustancia negra y la formación de cuerpos de Lewy. Esto conduce a una reducción de la neurotransmisión de dopamina en las regiones estriatales del cerebro y a un desequilibrio entre los neurotransmisores dopamina y acetilcolina.Los síntomas abarcan manifestaciones tanto motoras como no motoras. Los síntomas motores incluyen temblores, rigidez, bradicinesia e inestabilidad postural. Los síntomas no motores abarcan trastornos del sueño (insomnio, trastorno del comportamiento del sueño REM, somnolencia diurna excesiva y síndrome de piernas inquietas),alteraciones sensoriales (hiposmia, dolor o entumecimiento), disfunción autonómica (estreñimiento, trastornos urinarios, hipotensión ortostática) y deterioro cognitivo/psiquiátrico (depresión, ansiedad, alucinaciones, delirios, impulsividad compulsiva, deterioro cognitivo, demencia).
Modalidades de tratamiento de la enfermedad de Parkinson
Los enfoques terapéuticos actuales abarcan intervenciones farmacológicas, procedimientos quirúrgicos, terapia con toxina botulínica, programas de ejercicio, intervenciones psicológicas y gestión de cuidados.La farmacoterapia es el tratamiento principal en las primeras etapas de la enfermedad de Parkinson, mientras que la intervención quirúrgica es un complemento eficaz cuando la medicación resulta insuficiente. Las inyecciones de toxina botulínica ofrecen una solución viable para controlar la espasticidad y la distonía localizadas. La terapia de ejercicio y rehabilitación, las intervenciones psicológicas y el apoyo asistencial son aplicables a lo largo de todo el curso del tratamiento de la enfermedad de Parkinson.Por lo tanto, cuando las condiciones clínicas lo permiten, la creación de equipos multidisciplinarios compuestos por especialistas en neurología, neurocirugía funcional, neuropsicología, rehabilitación e incluso médicos generales de la comunidad puede tratar y controlar de manera más eficaz a los pacientes con enfermedad de Parkinson, lo que se traduce en mayores beneficios para la mejora de los síntomas y una mejor calidad de vida.El tratamiento debe ajustarse a la medicina basada en la evidencia, al tiempo que se hace hincapié en la individualización. Los regímenes farmacológicos varían en función de los síntomas predominantes de cada paciente (temblor dominante o rigidez-bradicinesia dominante) y deben tener en cuenta de forma integral la gravedad de la enfermedad, la edad de inicio, la situación laboral, la presencia de deterioro cognitivo o comorbilidades, las posibles reacciones adversas a los medicamentos, las preferencias del paciente y la capacidad económica.El tratamiento temprano suele consistir en una monoterapia, aunque se puede emplear una terapia combinada de dosis bajas con dos fármacos de diferentes mecanismos de acción para optimizar la eficacia, prolongar la duración del efecto y reducir la incidencia de reacciones adversas y complicaciones motoras.En la fase media y avanzada de la enfermedad de Parkinson, las manifestaciones clínicas se vuelven más complejas, influidas tanto por la progresión de la enfermedad como por factores como los efectos secundarios de la medicación o las complicaciones motoras. El tratamiento debe seguir dando prioridad a la mejora de los síntomas motores, al tiempo que se controlan eficazmente determinadas complicaciones motoras y síntomas no motores.
Los síntomas no motores pueden aparecer en cualquier fase de la enfermedad de Parkinson. Ciertas manifestaciones, como la hiposmia, el trastorno del comportamiento del sueño REM, el estreñimiento y la depresión, pueden preceder a los síntomas motores o fluctuar junto con las fluctuaciones motoras, lo que afecta significativamente a la calidad de vida de los pacientes. Por consiguiente, el control de los síntomas no motores es esencial junto con el control de los síntomas motores.
¿Cuándo es necesaria la intervención quirúrgica?
La enfermedad de Parkinson en fase inicial responde muy bien a la medicación, un periodo denominado «fase de luna de miel» de la terapia farmacológica, que suele durar entre 4 y 5 años. A medida que la enfermedad avanza, la eficacia de la medicación disminuye significativamente o pueden aparecer fluctuaciones graves de los síntomas o discinesias, lo que requiere una intervención quirúrgica. Estimulación cerebral profunda (DBS),comúnmente conocida como «marcapasos cerebral», consiste en implantar electrodos estimulantes en núcleos neuronales o regiones cerebrales específicos. Mediante estimulación eléctrica pulsada, modula la función de estos núcleos o áreas para aliviar los síntomas. Debido a su naturaleza mínimamente invasiva, su perfil de seguridad y su capacidad de ajuste, se ha convertido en la principal intervención quirúrgica para la enfermedad de Parkinson. Mejora significativamente los síntomas motores, aumenta la calidad de vida de los pacientes y les permite experimentar un segundo «período de luna de miel».La evaluación preoperatoria es crucial para determinar la idoneidad de la cirugía, evaluar los riesgos, identificar los objetivos óptimos y predecir la eficacia postoperatoria. Por lo general, la realizan conjuntamente neurólogos y neurocirujanos, con la participación de anestesistas y radiólogos cuando es necesario.La cirugía de ECP debe ser realizada por un neurocirujano experimentado, siendo la colocación precisa de los electrodos el factor más crítico para el éxito. Los cirujanos garantizan la posición óptima de los electrodos mediante la monitorización electrofisiológica intraoperatoria y la información subjetiva proporcionada por el paciente.La programación posoperatoria representa otro paso crítico para lograr resultados favorables. Esto implica seleccionar el punto de contacto y los parámetros de estimulación óptimos (voltaje, ancho de pulso y frecuencia adecuados) para maximizar la mejora de los síntomas y minimizar los efectos adversos de la estimulación.Los médicos pueden ajustar de forma remota los parámetros del estimulador del paciente a través de Internet, lo que resulta muy cómodo para quienes residen lejos de los hospitales, tienen dificultades de transporte o problemas de movilidad. Esto facilita la resolución oportuna de los problemas y ha resultado muy valioso durante la pandemia de COVID-19. Después de la ECP, suele ser necesario ajustar los regímenes de medicación, lo que puede reducir tanto la dosis como la variedad de fármacos, al tiempo que disminuye los efectos adversos y ralentiza la progresión de la enfermedad.El tratamiento postoperatorio integral sigue siendo esencial y requiere la colaboración de departamentos como Medicina de Rehabilitación, Nutrición y Medicina Tradicional China.
La atención y los cuidados son fundamentales
Para los pacientes con enfermedad de Parkinson, además de la medicación especializada y las intervenciones quirúrgicas, los cuidados científicos son vitales para mantener la calidad de vida. Estos cuidados suelen proporcionar beneficios terapéuticos adicionales al controlar eficazmente la progresión de la enfermedad y aliviar los síntomas; también reducen significativamente el riesgo de accidentes como la aspiración o las caídas. Los cuidados integrales deben abordar tanto los síntomas motores como los no motores, y abarcar la gestión de la medicación, la atención dietética, el apoyo psicológico y el entrenamiento de rehabilitación.Educar a los pacientes sobre el uso de los medicamentos y las precauciones para evitar reacciones adversas; desarrollar planes dietéticos personalizados para mejorar el estado nutricional y aliviar síntomas como el estreñimiento; evaluar rápidamente el bienestar psicológico, proporcionando orientación positiva para regular las emociones negativas y mejorar la calidad de vida; colaborar con los familiares para fomentar los ejercicios de rehabilitación, manteniendo así la función motora y mejorando las capacidades de autocuidado.
No existe un protocolo de tratamiento universalmente establecido para la enfermedad de Parkinson, ya que las necesidades de cada paciente varían considerablemente. Además, las necesidades terapéuticas de un mismo paciente evolucionan a lo largo de las diferentes etapas de la enfermedad. Científicos de todo el mundo siguen investigando enfoques terapéuticos mejorados. Más allá del desarrollo de nuevos fármacos, los avances en terapia génica y trasplante de células madre neurales son prometedores para ofrecer opciones de tratamiento superiores a los pacientes de Parkinson en el futuro.
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