Los tres elementos más importantes en las relaciones entre hombres y mujeres
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I. La integridad mutua es primordial
La integridad es esencial en la conducta, aunque este principio no se respeta universalmente. Algunas personas, impulsadas por la ambición o la codicia, la ignoran por completo. Pensemos en las numerosas promesas electorales de los presidentes estadounidenses que se convierten en retórica vacía al asumir el cargo, lo que supone un claro abuso de confianza.En cuanto a las personas comunes, no es de extrañar que muchas dejen de lado la integridad por completo. Impulsadas por el interés propio, las personas pueden hacer cualquier cosa, sacrificando la confianza en aras del beneficio personal. Aunque esto es lamentable, sigue siendo comprensible. Sin embargo, dentro del matrimonio, la integridad debe ser tenida en la más alta consideración.Las palabras pronunciadas, especialmente las promesas hechas —y las promesas que no son difíciles de cumplir— deben respetarse al máximo, salvo en casos de dificultad excepcional. Si ni siquiera se puede confiar en los cónyuges, ¿en quién se puede confiar? Un desliz ocasional puede perdonarse, pero la traición repetida a la confianza no solo decepciona a la otra persona, sino que también daña el vínculo matrimonial. No hagas promesas a la ligera; lo que se promete debe cumplirse.
II. La fidelidad mutua es la piedra angular del amor
La fidelidad es esencial cuando existe amor entre los cónyuges. Sin embargo, incluso sin amor, la fidelidad sigue siendo fundamental para el matrimonio en sí. Algunos pueden argumentar que esto desafía la naturaleza humana, pero ¿qué es lo que realmente se ajusta a ella?¿Son la infidelidad y la traición realmente parte de la naturaleza humana? La lealtad entre cónyuges es incondicional. Si ya no amas a tu pareja, el divorcio es el camino adecuado, nadie te retiene cautivo. Mantener una fachada de fidelidad en casa mientras se mantienen relaciones extramatrimoniales bajo el pretexto del «amor» y la «naturaleza humana» es absolutamente despreciable. Sin lealtad, cualquier conversación sobre el cultivo de una relación es vacía.
III. El respeto mutuo es la base de la armonía
El respeto es esencial para que cualquier relación humana perdure; sin él, la comunicación y la convivencia se vuelven imposibles. Esto es doblemente cierto en el caso de los cónyuges. Un hombre que alberga un chovinismo profundamente arraigado y menosprecia a su esposa nunca se ganará su corazón.Algunas mujeres menosprecian a sus suegros rurales o desprecian a los parientes pobres de su marido, lo que indirectamente supone una falta de respeto hacia su cónyuge. Los hombres que golpean o reprenden a sus esposas de forma casual demuestran igualmente una falta de respeto. La dignidad de una persona es primordial: ¿quién puede soportar que se le falte al respeto? Si bien se puede tolerar la falta de respeto de los extraños, cuando el propio cónyuge muestra tal desprecio, la herida infligida supera con creces la causada por los demás.Por muy segura que sea su vida desde el punto de vista material, si en el fondo no la trata como a una igual, esta falta de respeto se manifestará inevitablemente en sus acciones. La falta de respeto de la pareja es lo que más duele. El respeto no debe ser superficial, sino que debe brotar del corazón y del alma.
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