Los diez pecados de los hombres enamorados: ¿cuántos has cometido?
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Uno de los asesinos más letales de las relaciones románticas es la competitividad. No me refiero al espíritu competitivo por el que simplemente no puedes tolerar la derrota en un partido de tenis, sino más bien a tu actitud hacia la relación en sí misma: verla como una competición y esforzarte por ganar.Quienes tratan el romance como una competición buscan constantemente una ventaja, para ganar la partida o controlar los pensamientos de la otra persona. Si sientes que no puedes compartir ciertas cosas por miedo a que se utilicen en tu contra, te encuentras en una dinámica competitiva, que no puede durar. 2. Desconfianza Hay dos aspectos de la confianza que son vitales en las relaciones románticas.En primer lugar, debes confiar lo suficiente en que tu pareja no te engañará ni te hará daño, y creer que ella confía en ti igualmente. En segundo lugar, necesitas la seguridad de que, hagas lo que hagas o digas lo que digas, ella no te abandonará y seguirá queriéndote como antes. Si uno de los miembros de la pareja traiciona esta confianza cometiendo un acto imperdonable, la segunda capa de confianza desaparece por completo, poniendo fin a la relación, incluso si ha durado más de una década.Falta de comunicación
Muchas personas guardan silencio sobre las cosas que les frustran en las relaciones sentimentales. En primer lugar, no quieren herir los sentimientos de la otra persona al expresarse. En segundo lugar, desean mantener una posición de fuerza (véase el punto dos; un escenario común es: «Si no sabes por qué estoy perdiendo los nervios, ¡no te lo voy a decir!»). Este enfoque puede mantener la paz a corto plazo, pero con el tiempo erosiona gradualmente la base emocional de la relación, haciéndola cada vez más frágil.Las pequeñas fricciones se acumulan y se convierten en problemas cada vez mayores. 4. No saber escuchar Escuchar, escuchar con verdadera atención, es una virtud poco común. Es natural querer defenderse cuando se escucha lo que parece una crítica, por lo que a menudo interrumpimos para justificar nuestras acciones o nos centramos únicamente en cómo defendernos, sin escuchar lo que la otra persona está diciendo realmente. La verdad es que hay que escuchar atentamente sus palabras, incluso discernir los significados ocultos en su charla cotidiana, para comprender los sueños y deseos que ellos mismos quizá no comprendan del todo.Sin embargo, lo cierto es que debes escuchar atentamente lo que dice la otra persona, incluso discernir el significado subyacente en sus quejas cotidianas para descubrir sueños y deseos que tal vez ni ellos mismos sean plenamente conscientes. Si no puedes alcanzar este nivel de comprensión, como mínimo será un problema para la persona que amas.
5. Gastos descontrolados
Cuando se está soltero, se puede comprar cualquier cosa que se desee en cualquier momento sin pensar en las consecuencias futuras. Aunque no sea prudente, solo tú soportas las repercusiones. Una vez que te comprometes en una relación a largo plazo, esos gastos se vuelven insostenibles.Por lo tanto, es mejor cultivar hábitos de gasto sensatos, dando prioridad a las necesidades diarias. Si queda algún excedente, discute con tu pareja la mejor manera de utilizarlo. Cada vez más, los desacuerdos financieros están causando fricciones en las relaciones. Si crees que los demás no tienen derecho a interferir en cómo gastas tu propio dinero, tu relación está condenada al fracaso.Si te preocupas, es señal de que tu relación está en crisis. Sin embargo, el problema suele derivarse precisamente de ese miedo. Revela no solo una falta de confianza en tu pareja, sino también una falta de confianza en ti mismo, el miedo a no ser lo suficientemente bueno, a que nadie tenga realmente motivos para estar contigo. Tarde o temprano, tu pareja se dará cuenta de ello y te dejará. En consecuencia, gastas más energía en mantener la apariencia superficial de la relación que en cultivar tu mundo interior y desarrollar tu seguridad en ti mismo.Permíteme ser franco: este enfoque no te satisfará ni te hará ganar el afecto de tu pareja.
7. Dependencia excesiva
El apoyo y la dependencia en las relaciones son un equilibrio delicado. Si dependes de tu pareja, es decir, si no puedes funcionar sin ella, has sobrepasado los límites. Tu pareja ahora soporta la presión de tener que proveerte en todos los sentidos, y esta carga genera resentimiento. Si no contribuyes en nada a los gastos de la vida cotidiana ni ofreces ningún otro tipo de apoyo,la relación no es sana y es poco probable que prospere.
8. Esperar la felicidad
Una característica distintiva de una relación problemática es cuando uno o ambos miembros de la pareja esperan que el otro les haga felices. Se trata de una expectativa poco realista para cualquiera de las partes —nadie más que tú mismo puede hacerte realmente feliz— y es especialmente poco práctico exigirlo dentro de una relación sentimental.Las relaciones no se basan únicamente en la felicidad; a menudo no te sentirás alegre, ni debes esperar estarlo siempre. Tener a alguien en quien apoyarte en momentos de decepción, dolor, depresión o tristeza es mucho más valioso que la alegría perpetua. Si esperas que tu pareja te haga feliz, o peor aún, te sientes frustrado cuando no lo consigue, vuestro vínculo no resistirá la adversidad.
9. Nunca discutir
Es esencial tener desacuerdos constructivos de vez en cuando. Hasta cierto punto, las discusiones resuelven problemas menores antes de que se conviertan en problemas mayores. Además, descargar la ira durante las disputas es una parte perfectamente normal de la expresión emocional humana. Tu relación debe ser lo suficientemente resistente como para dar cabida a tu yo auténtico, no solo a tus aspectos agradables.Una de las razones para evitar las discusiones es el miedo al conflicto, lo que refleja una falta de confianza mutua y ansiedades subyacentes. Otra razón es que las parejas consideran que la ira es irracional e inútil. Perciben las discusiones como señales de una ruptura inminente, en lugar de como una parte natural del desarrollo de la relación. Cuando los desacuerdos incomodan a ambas partes, pueden provocar revelaciones inesperadas, lo que impide que se toleren mutuamente hasta que estalle un conflicto irreparable.
10. Pensamiento simplista / Complicar demasiado las cosas
Hay dos actitudes hacia las relaciones que son especialmente problemáticas. Una es la creencia de que las relaciones deben ser fáciles: si realmente amas a alguien y pretendes pasar tu vida con él, las cosas encajarán naturalmente. La otra es la opinión de que las relaciones son intrínsecamente problemáticas: precisamente porque son difíciles, hay que luchar por ellas. Ambas perspectivas llevan a descuidar el cultivo de la relación.La descuidas porque crees que debería desarrollarse sin esfuerzo, sin necesidad de invertir nada, o porque la ves como algo intrínsecamente problemático, convencido de que el esfuerzo no simplificará las cosas. Con cualquiera de estas mentalidades, el agotamiento se instala rápidamente: en primer lugar, porque los problemas que has pasado por alto no se resuelven por sí solos como esperabas; en segundo lugar, porque los problemas que has creado superan tu capacidad para gestionarlos. No existe una solución definitiva para ninguno de estos problemas.Sin embargo, puedes tomar una decisión: puedes elegir identificar por qué estás dañando la relación o elegir abandonar esta conexión rota (o la siguiente, o la siguiente, o la siguiente...). El fracaso no siempre significa separarse, a muchos ni siquiera se les concede esa oportunidad. En cambio, las personas pueden soportar relaciones infelices y fallidas durante años o incluso décadas, simplemente porque temen no encontrar nada mejor. Peor aún, algunos creen que debe ser su destino.
No te conviertas en uno de ellos: si estás lidiando con alguno de estos problemas, encuentra la manera de resolverlos, ya sea mediante terapia, tomándote un tiempo a solas o simplemente hablando con tu pareja para asegurarle que cambiarás.
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