Hombres, ¿les encanta presumir? Presumir tres veces puede eliminar la ansiedad
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En el sketch «Just Say the Word» (Solo tienes que decir la palabra), un marido propenso a la exageración se jacta de ser capaz de hacer cualquier cosa. Como resultado, sus familiares y amigos comienzan a llamar a su puerta, dejándolo agotado y convertido en blanco de quejas, lamentando profundamente su propia «fanfarronería».
Una encuesta realizada por la Universidad de Oxford reveló que más del 80 % de las personas cuentan al menos una historia exagerada al día, y más del 40 % se jactan más de tres veces al día.Para la mayoría de las personas, presumir satisface una necesidad psicológica normal. Por un lado, cumple con la auto-presentación, aumenta la confianza y salva las diferencias psicológicas. Por ejemplo, exagerar las propias habilidades o estatus puede generar respeto. Por otro lado, «presumir» con moderación puede aliviar el miedo y la ansiedad. El general Douglas MacArthur es famoso por haber estabilizado la moral con alardes como «Hitler nunca construirá una bomba lo suficientemente grande como para volar a MacArthur por los aires».
Sin embargo, algunas personas parecen estar atrapadas en un ciclo perpetuo de exageración. Cuentan historias sin descanso, adornando cada detalle hasta alcanzar proporciones fantásticas, llegando incluso a creer que poseen poderes sobrenaturales o habilidades extraordinarias. Estas personas, adictas a presumir, deben tener cuidado con los trastornos psicológicos subyacentes.Por ejemplo, en las primeras etapas del trastorno maníaco o la esquizofrenia, los desequilibrios en los neurotransmisores pueden provocar una mayor excitación mental y una autoestima inflada.
Independientemente de la causa, la jactancia excesiva perjudica el bienestar mental y daña las relaciones.Por lo tanto, las personas propensas a la exageración deben aprender a reflexionar sobre sí mismas y reconocer sus capacidades reales. En lugar de hacer promesas constantes, deben empezar por pequeñas tareas en las que destaquen, aportando beneficios tangibles a los demás. Al mismo tiempo, la familia y los amigos deben recordarles y advertirles rápidamente, devolviéndoles a la realidad. Si las fanfarronadas se vuelven descabelladas y completamente ilógicas, deben ser llevadas sin demora a una evaluación psiquiátrica o psicológica, y se debe seguir un tratamiento si es necesario.
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