La exposición materna al aire contaminado durante el embarazo puede afectar al coeficiente intelectual del niño
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Un nuevo estudio estadounidense indica que la exposición materna al aire contaminado durante el embarazo se correlaciona con puntuaciones más bajas en las pruebas de CI de los niños durante la infancia, lo que demuestra aún más que el aire muy contaminado puede afectar al desarrollo del cerebro.
Según un informe de Associated Press del 20, investigadores como Frederica Perella, directora del Centro Columbia para la Salud Ambiental Infantil, encuestaron a 249 niños. Sus madres habían residido en los distritos del norte de Manhattan y el suroeste del Bronx de la ciudad de Nueva York antes del nacimiento, zonas que sufren diversos grados de contaminación atmosférica, principalmente por los gases de escape de los vehículos.
A los cinco años, estos niños se sometieron a pruebas de CI. Los investigadores descubrieron que los niños nacidos de madres expuestas al aire más contaminado durante el embarazo obtuvieron entre 4 y 5 puntos menos en las pruebas de CI que los nacidos de madres expuestas a un aire menos contaminado. Pereira afirmó que esta diferencia es suficiente para afectar al rendimiento académico futuro de los niños.
Los investigadores señalaron que el 56 % de los niños estudiados estuvieron expuestos a altos niveles de contaminación durante el desarrollo fetal. Se están llevando a cabo investigaciones para determinar si sus madres residían cerca de zonas muy contaminadas, como barrios congestionados o centros de transporte público, durante el embarazo.
Pereira señaló que los investigadores habían tenido en cuenta otras posibles influencias en las puntuaciones del coeficiente intelectual, como la exposición al humo de segunda mano y los entornos de aprendizaje en el hogar durante la infancia. No obstante, encontraron una fuerte correlación entre la exposición materna a la contaminación durante el embarazo y los niveles posteriores de coeficiente intelectual en los hijos.
Los resultados se publicaron en la edición de agosto de la revista estadounidense Pediatrics.
En investigaciones anteriores, Pereira sugirió que la exposición prenatal a la contaminación atmosférica podría provocar un menor perímetro craneal y un menor peso al nacer en los recién nacidos, o aumentar el riesgo de mutaciones genéticas.
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