¿A dónde van los gases, las deposiciones y la orina cuando se retienen?
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Retener los gases, las deposiciones y la orina son experiencias que muchos han vivido, normalmente por circunstancias o entornos específicos. Pero, ¿adónde van a parar estas funciones corporales cuando se suprimen? En pocas palabras, vuelven por donde vinieron.
1. Pedos: esencialmente gases residuales producidos dentro del cuerpo humano, que contienen componentes nocivos como nitrógeno, hidrógeno y metano.¿A dónde va ese gas reprimido?
Hay dos tipos de represión de gases: temporal y prolongada.
El gas reprimido temporalmente suele volver sobre su camino, regresando al intestino grueso para esperar su próxima «liberación», con un impacto mínimo en el cuerpo.
Sin embargo, la supresión crónica permite que el cuerpo absorba estos gases. Cuando se acumula un exceso de gas en el intestino grueso y no puede descender, el cuerpo busca vías alternativas. Entonces, ciertos componentes del gas se reabsorben en el torrente sanguíneo a través de la mucosa intestinal.
La supresión persistente impide la expulsión de estas sustancias nocivas, lo que afecta negativamente a la salud.
1. Estreñimiento. La reabsorción repetida de gases a través del revestimiento intestinal puede causar síntomas como opresión en el pecho e hinchazón abdominal. Los gases olorosos acumulados pueden provocar dolor abdominal, dificultar la absorción digestiva e incluso impedir la expulsión de las heces, lo que conduce al estreñimiento. Durante el estreñimiento, se acumulan más sustancias nocivas en el intestino grueso, lo que produce gases residuales adicionales y crea un círculo vicioso.
2. Deterioro de la desintoxicación del hígado. La retención prolongada de flatulencia afecta gravemente a los órganos internos, sobrecargando especialmente a los órganos desintoxicantes como el hígado. Con el tiempo, esto disminuye la capacidad de desintoxicación del hígado.
II. La orina es otro producto de desecho producido por el cuerpo humano, que contiene diversas toxinas. La retención prolongada de estas toxinas en el cuerpo puede causar un daño significativo.
En pocas palabras: retención de orina → distensión de la vejiga y disfunción pélvica → uremia y enfermedad renal. La incapacidad prolongada y repetida de excretar orina altera la función de los órganos pélvicos, lo que reduce la resistencia. En el caso de las personas mayores, en particular, la retención habitual de orina puede provocar un agrandamiento de la próstata, lo que aumenta aún más la probabilidad de sufrir dificultades urinarias.
En tercer lugar, no hace falta decir que las heces constituyen materia de desecho. Si no se expulsan rápidamente, el agua es reabsorbida repetidamente por los intestinos, lo que da lugar a heces duras y secas que son difíciles de expulsar.
La supresión frecuente de las deposiciones puede causar fisuras anales debido a las heces duras. El dolor resultante durante la defecación puede disuadir de nuevas deposiciones, lo que gradualmente se convierte en estreñimiento crónico. Además, las toxinas de las heces que se acumulan en el cuerpo durante largos periodos de tiempo pueden ser absorbidas por los intestinos, lo que provoca síntomas como letargo, mareos, fatiga y pérdida de apetito.
Además, el descuido prolongado puede alterar el equilibrio microbiano del intestino, provocando estreñimiento, fisuras anales, hemorroides y otros trastornos colorrectales. En casos graves, esto puede incluso contribuir a la aparición de cánceres intestinales.
En resumen, nunca se debe retrasar la flatulencia, la evacuación intestinal y la micción. Incluso en circunstancias inevitables, no es aconsejable la supresión prolongada.
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