Mantén la prudencia ante los rumores; toma la iniciativa cuando sea necesario
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Ese año me trasladé a una cadena de farmacias más grande. Mi excelente rendimiento se ganó la admiración del gerente de la tienda, pero lo que me preocupaba era el sutil cambio de actitud de varias compañeras con las que antes me llevaba bien. Se volvieron distantes y frías. Sin relaciones armoniosas, el trabajo naturalmente se resintió. Intenté reparar estas rupturas, pero sin mucho éxito. Al final, dejé de intentarlo.
Sin embargo, este respiro resultó ser efímero. El gerente que había confiado en mí durante mucho tiempo fue llamado a la sede central y sustituido por un nuevo gerente enviado desde arriba. La nueva escoba barre bien, y este gerente no perdió tiempo en introducir una serie de nuevas normas y medidas. Sin embargo, las ventas disminuyeron en lugar de aumentar.Con las ventas estancadas, los salarios y las bonificaciones del personal se vieron inevitablemente afectados. Una tarde, mientras charlaba tranquilamente con mis compañeros, surgieron inevitablemente las quejas. Comenté: «El nuevo gerente parece haber pasado toda su carrera en la sede central». Rápidamente olvidé el comentario, pero días más tarde me enteré de que alguien me había denunciado por criticar a espaldas del nuevo gerente su falta de perspicacia comercial. A partir de entonces, cada vez que me encontraba con el nuevo gerente, notaba que su mirada había perdido la calidez de antes.
Después de pensarlo mucho, decidí tomar la iniciativa y aclarar el rumor yo mismo.Fui a la oficina del gerente y le dije: «Gerente, parece que corre el rumor de que dije que usted no entiende de ventas. Creo que puede haber algún malentendido». El nuevo gerente se mostró sorprendido al principio, y luego se quedó en blanco, lo que me indicó que el rumor aún no le había llegado. Después de escuchar mi explicación, me dijo con calma que no creía fácilmente en los rumores y me aconsejó que volviera a centrarme en mi trabajo.
Después de eso, todo quedó en calma. Sin embargo, esta experiencia me enseñó que, en realidad, no son necesariamente los oyentes los que deben ser prudentes ante los rumores, sino las propias víctimas. Solo siendo más prudente y ingenioso ante los rumores, y tomando medidas decisivas para detener su propagación, se puede evitar sufrir daños.
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