Cuatro dolencias comunes durante el solsticio de invierno: cómo prevenirlas con la dieta y el ejercicio
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Al comienzo del invierno, las funciones fisiológicas de las personas mayores se debilitan gradualmente, lo que disminuye su resistencia y crea una oportunidad para que los patógenos se aprovechen. Por lo tanto, las personas mayores deben prestar especial atención a los cambios ambientales y tomar precauciones tempranas para evitar dañar su bienestar físico y mental.
Nuestro equipo editorial le recuerda que entre las dolencias comunes del invierno se incluyen:
1. Accidente cerebrovascular
El accidente cerebrovascular es una afección frecuente y habitual entre las personas mayores, con tasas de incidencia que aumentan durante los fríos meses de invierno. Muchas personas mayores padecen hipertensión; cuando se exponen al frío, su cuerpo tiene dificultades para adaptarse, lo que provoca un aumento de la presión arterial y un mayor riesgo de accidente cerebrovascular. Por lo tanto, la prevención temprana es fundamental y no debe tomarse a la ligera.La prevención requiere varias medidas: en primer lugar, protegerse del frío y mantenerse caliente, prestando atención a los cambios meteorológicos y vistiéndose adecuadamente para evitar enfriarse. En segundo lugar, complementar la nutrición de forma adecuada para fortalecer la constitución física. En tercer lugar, controlar eficazmente afecciones como la hipertensión, la cardiopatía coronaria y la diabetes; las personas que ya hayan sido diagnosticadas deben tomar la medicación según lo prescrito y no interrumpir nunca el tratamiento sin consejo médico.Cuando el cuerpo se expone al frío, la vasoconstricción puede provocar isquemia miocárdica e hipoxia, lo que puede desencadenar angina de pecho. Si no se trata de forma eficaz, puede progresar hasta un infarto de miocardio mortal, un riesgo con precedentes documentados que requiere vigilancia. Además de dar prioridad al calor, la temperatura interior debe mantenerse en torno a los 18 °C. Evite la exposición prolongada al aire libre y asegúrese de protegerse del viento frío para evitar la exposición combinada al frío y al viento.Tomar regularmente los medicamentos recetados para reducir los lípidos, disolver los coágulos sanguíneos, dilatar los vasos sanguíneos y prevenir la hipoxia miocárdica puede ayudar a evitar emergencias repentinas.
III. Gripe Aunque un resfriado invernal puede parecer leve para las personas mayores, el retraso en el tratamiento puede desencadenar fácilmente complicaciones potencialmente mortales, como neumonía, cardiopatía pulmonar, asma y bronquitis crónica.Los informes indican que la tasa de mortalidad por infecciones pulmonares entre las personas mayores alcanza hasta un 36 %. Por lo tanto, durante los fríos meses de invierno, las personas mayores deben centrarse en reforzar su resistencia al frío mediante el ejercicio, mantener una dieta equilibrada y, a ser posible, lavarse la cara con agua fría y los pies con agua caliente a diario para reforzar su inmunidad y prevenir la gripe.
IV. Trastornos articulares
Muchas personas que padecen artritis, especialmente las personas mayores, tienden a permanecer en casa durante los fríos inviernos debido a su aversión al frío. La reducción de la actividad suele provocar rigidez en las articulaciones, lo que causa dolor incluso con movimientos leves. El frío puede contraer los vasos sanguíneos de las extremidades, reduciendo el suministro de sangre. Muchas mujeres jóvenes prefieren llevar pantalones ajustados y finos, botas y faldas debajo de un abrigo largo durante los meses más fríos.Aunque el abrigo parezca cubrir las rodillas, el aire frío puede filtrarse a través de las piernas hasta las articulaciones, provocando vasoespasmos en las extremidades inferiores. Esto reduce el suministro de sangre alrededor de la articulación de la rodilla, disminuyendo su resistencia. Si bien una constitución robusta puede enmascarar los síntomas en la juventud, la artritis y otras dolencias pueden aparecer silenciosamente en la mediana edad.
Prevención de enfermedades tras el inicio del invierno
1. Opte por comidas ligeras y nutritivas
Como dice el refrán, «Aliméntese bien en pleno invierno y el año que viene no tendrá dolencias». El invierno es una estación ideal para los suplementos tónicos. Sin embargo, el cuerpo necesita tiempo para adaptarse, por lo que no se deben tomar suplementos de forma indiscriminada. Desde el inicio del invierno hasta el solsticio de invierno, las comidas deben ser predominantemente ligeras y refrescantes. Minimice los platos fritos o salteados, aumente el consumo de frutas y verduras y evite estrictamente los alimentos calientes, secos, picantes o irritantes.El objetivo nutricional de las dietas invernales es aumentar la ingesta calórica, favoreciendo los alimentos con mayor contenido en grasas. Para ello, es necesario consumir suficientes alimentos ricos en azúcares y grasas, como cereales, aceites de cocina y otras guarniciones grasas. Además, el consumo regular de carne, pescado, huevos, soja y productos derivados de la soja es esencial para satisfacer las necesidades fisiológicas normales de proteínas.
El frío del invierno aumenta el consumo de diversos nutrientes por parte del organismo en mayor o menor medida. Por lo tanto, se debe prestar atención a la selección de alimentos ricos en elementos inorgánicos como el potasio y el calcio, así como en vitaminas C, B1, B2, B6, A y niacina, para garantizar que se satisfagan las necesidades del organismo en cuanto a estos nutrientes.Se debe prestar especial atención al aumento de la ingesta de vitamina C. Consuma más verduras como rábanos, patatas y espinacas, junto con frutas como cítricos, manzanas y plátanos. Al mismo tiempo, incorpore hígado animal, carne magra, pescado fresco, huevos y legumbres para garantizar un aporte adecuado de vitaminas. Además, aunque la sudoración y la micción disminuyen en invierno, las células del cerebro y otros órganos siguen necesitando hidratación para mantener un metabolismo normal.La ingesta diaria de líquidos no debe ser inferior a 2000-3000 mililitros. 2. Acostarse temprano, levantarse tarde y hacer ejercicio con regularidad La transición entre el otoño y el invierno suele traer consigo condiciones climáticas secas y cambios meteorológicos frecuentes, lo que coincide con los periodos de mayor incidencia de trastornos cardiovasculares, respiratorios y digestivos. Tras el inicio del invierno, las corrientes de aire frío suelen provocar un aumento de los casos de resfriados, gota y dolencias gástricas.Es recomendable acostarse temprano y levantarse tarde después del solsticio de invierno, prolongando la duración del sueño para favorecer la recuperación física. Lo ideal es esperar a que salga el sol antes de comenzar las actividades diarias. Realice ejercicios preparatorios antes del esfuerzo físico, aumentando gradualmente la intensidad, y evite el ejercicio intenso en condiciones de frío extremo. Las rutinas de ejercicio invernal mal planificadas para personas de mediana edad y mayores pueden predisponerlas a resfriados. Esto es especialmente preocupante para las personas mayores con enfermedades crónicas, ya que podría desencadenar complicaciones graves. Asegúrese de que haya una ventilación adecuada en el interior, mantenga una actividad física regular y expóngase al sol en cantidad suficiente.
El ejercicio en invierno debe ser moderado para evitar el esfuerzo excesivo. Elija actividades adecuadas a su condición física, como correr, caminar, practicar tai chi o esgrima. Un baño de pies caliente antes de acostarse alivia significativamente la fatiga y mejora la calidad del sueño.Hacer enjuagues nasales con agua fría cada mañana o cada noche puede reducir la propensión a los resfriados. Las personas con dolor en las articulaciones deben dar prioridad al calor, equilibrando el descanso con el ejercicio adecuado. Las personas con enfermedades gástricas crónicas deben abstenerse de consumir tabaco y alcohol, y reducir al mínimo el consumo de alimentos picantes.
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