Análisis: La psicología de la rebelión adolescente contra los padres
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Mi hijo siempre ha sido muy activo e inquieto, y se ha vuelto aún más rebelde durante la adolescencia. Cuanto más le ordenaba que hiciera algo, más se negaba, lo que me llevaba a pegarle por frustración. A veces incluso lo encadenaba dentro de casa. A medida que seguía pegándole, se hizo más alto que yo. Al principio, salía corriendo cuando le pegaba, pero luego empezó a defenderse.Verlo portarse mal y sentirme impotente para detenerlo me dejaba completamente agotado y perdido.
Muchos padres reconocen esta fase: cuando los hijos llegan a los trece o catorce años, desafían constantemente a sus padres. Si les piden que vayan al este, se dirigen al oeste, una fase que dura entre dos y tres años. Esta rebeldía se manifiesta con fuerza en algunos niños, reduciendo a las madres a lágrimas y dejando a los padres temblando de rabia. En otros, es más leve, pero los padres perciben invariablemente este desafío.Los teóricos psicoanalíticos se refieren a esta fase de la adolescencia como la «fase de hostilidad hacia los padres». Lectura recomendada: ¡Después de 100 días de matrimonio, ni siquiera somos una pareja! ¿Cómo deben los padres proporcionar un apoyo psicológico adecuado durante esta «fase de hostilidad»? Además de reforzar la comunicación emocional con su hijo, también deben ser conscientes de cómo su propio comportamiento influye en él.En cuanto a la comunicación emocional con los hijos, los padres deben tener en cuenta los siguientes puntos: (1) Cuando su hijo hable de temas que le interesan, escúchelo con atención sin parecer distraído o hacer otras cosas al mismo tiempo (por ejemplo, ver la televisión). Si tiene asuntos urgentes que atender, infórmeselo brevemente a su hijo para que lo comprenda.(2) Aunque inicialmente no esté de acuerdo con el punto de vista de su hijo, escúchelo con paciencia hasta que termine de hablar para comprender plenamente su perspectiva. Presente sus propios puntos de vista a través de un intercambio de opiniones, en lugar de sermonearlo sin tener en cuenta su perspectiva. (3) Hable en un tono respetuoso, en lugar de sermonearlo. Respetar a su hijo fomenta su respeto hacia usted, mientras que sermonearlo a menudo genera resentimiento y oposición, logrando el efecto contrario. (4)Los padres deben reconocer la creciente conciencia de sí mismos y el desarrollo de las capacidades cognitivas de sus hijos. Guíenlos y ayúdenlos a comprender correctamente las características fisiológicas y psicológicas de su grupo de edad, señalando claramente su inmadurez, dependencia y parcialidad en la comprensión. (5) Pidan la opinión de sus hijos sobre los asuntos domésticos. Si su sugerencia es razonable o coincide con la opinión de los adultos, pónganla en práctica. Esto fomenta su sentido de participación en los asuntos familiares y su responsabilidad, promoviendo así unas relaciones familiares armoniosas.
Dado que el comportamiento de los padres influye directamente en el desarrollo psicológico de los niños, los padres deben observar los siguientes principios en su conducta diaria: (1) Dar un ejemplo positivo. Como dice el refrán: «Las acciones hablan más que las palabras». No se puede persuadir a un niño para que deje de fumar mientras uno mismo lo hace. Los adolescentes suelen aprender y evaluar a los demás, incluidos sus padres, a través del comportamiento observado y no de las instrucciones verbales.(2) Evitar controlar minuciosamente cada acción que realiza su hijo; permitirle independencia en muchos asuntos. Cuando sea necesaria la intervención, emplear métodos apropiados, ya que los enfoques agresivos pueden crear o profundizar las divisiones. (3) Respetar la privacidad de su hijo.La cultura tradicional china a menudo ignora la privacidad de los niños, lo que lleva a casos en los que los padres abren las cartas de sus hijos o leen sus diarios. Tales acciones pueden provocar resistencia emocional; los padres deben, en cambio, acercarse a ellos con cuidado y respeto. (4) Mantenga la compostura en todas las situaciones y evite reacciones excesivas. Incluso un solo caso de reacción exagerada puede dejar cicatrices emocionales duraderas.
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