¿Qué hay detrás del cansancio y la debilidad persistentes?
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Muchos pacientes con enfermedades hepáticas experimentan con frecuencia fatiga y debilidad. Los expertos indican que esto puede ser un síntoma temprano de cirrosis. Siga leyendo para obtener más detalles:
¿Qué causa la fatiga y la debilidad persistentes?
1. Fatiga y debilidad: uno de los primeros síntomas de la cirrosis, que va desde un cansancio leve hasta un agotamiento severo, en función de la gravedad de la actividad de la enfermedad hepática.Las causas de la fatiga incluyen: ① Ingesta calórica insuficiente; ② Alteración del metabolismo intermedio de los carbohidratos, las proteínas y las grasas, lo que conduce a una producción de energía inadecuada; ③ Reducción de los niveles de colinesterasa en la sangre debido a daños en el hígado o alteración de la excreción de bilis, lo que afecta al funcionamiento normal del sistema nervioso y muscular; ④ Alteración de la conversión del ácido láctico en glucógeno hepático, lo que provoca una acumulación excesiva de ácido láctico después de la actividad muscular.
2. Tez apagada y cetrina: un tercio de los pacientes con cirrosis presentan una tez más apagada y oscura alrededor de la cara y las cuencas de los ojos en comparación con antes de la enfermedad. Esto se debe al daño hepático y a la reducción de la función hepática, lo que aumenta la producción de melanina.
3. Diarrea, distensión abdominal y dolor abdominal: La diarrea y la distensión suelen ser consecuencia del edema de la pared intestinal y la malabsorción (principalmente de grasas), la deficiencia de niacina y las infecciones parasitarias. El dolor abdominal se localiza normalmente en la parte superior del abdomen, suele ser paroxístico y puede presentarse en forma de cólico. El dolor también puede deberse a úlceras pépticas concomitantes, enfermedades de las vías biliares o infecciones intestinales.
4. Dolor hepático sordo: común en la cirrosis, afecta aproximadamente al 60-80 % de los casos. Empeora con el esfuerzo y suele ir acompañado de ictericia y fiebre. Indica un daño hepatocelular significativo y tiene importancia pronóstica.
5. Hemorragias irregulares: la alteración de la función hepática afecta a la síntesis de protrombina y otros factores de coagulación, mientras que la esplenomegalia provoca trombocitopenia. En consecuencia, se observan con frecuencia hemorragias en las encías o la nariz, púrpura o petequias en la piel y las membranas mucosas, o hematemesis y melena.
6. Disfunción endocrina: la reducción de la secreción de gonadotropinas en la cirrosis puede causar atrofia testicular en los hombres, mientras que la disminución de la producción de andrógenos puede provocar ginecomastia y escaso vello púbico. Las pacientes femeninas pueden experimentar menstruación escasa, amenorrea e infertilidad. El exceso de estrógenos dilata los capilares periféricos, lo que da lugar a angiomas arañiformes y eritema palmar.La aparición de angiomas arañiformes indica la progresión del daño hepático.
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