Las pesadillas persistentes requieren intervención psicológica.
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La escena era borrosa. Un callejón completamente oscuro, envuelto en una espesa niebla. No se veía nada detrás, los lados se perdían en la distancia. Los pasos se hacían más fuertes detrás, los sonidos de la respiración más claros junto al oído. El miedo se extendió por todo el cuerpo, una sensación de que alguien tiraba del brazo. La necesidad de gritar, pero ningún sonido podía escapar de la garganta.Así, empapado en sudor frío, temblando, sumido en el terror, uno finalmente se despertaba sobresaltado... Casi todo el mundo ha experimentado esto: soñar una historia con giros inesperados en la que uno permanece lúcido y lógico dentro del sueño, solo para despertarse a la mañana siguiente completamente desconcertado, preguntándose: «¿De dónde diablos salió todo este sinsentido?».«¿Cómo pude soñar algo así?». Szegényi afirma que la psicoterapia es el enfoque fundamental para superar la angustia causada por las pesadillas. Los sueños también pueden ser educativos. Según un informe reciente del periódico argentino La Nación, el neurólogo argentino Claudio Potesta señaló recientemente que las pesadillas están relacionadas con traumas psicológicos no resueltos, o con imágenes o historias que han dejado una profunda huella en una persona; los niños son más propensos a tener pesadillas.El Dr. Portes, que también preside la Sociedad Argentina del Sueño, sostiene que, si bien las pesadillas comparten similitudes con el sonambulismo y el hablar dormido como trastornos, poseen características distintivas. Quienes experimentan pesadillas suelen recordar los detalles del sueño al despertar, y los episodios suelen ocurrir alrededor del amanecer.Explicó que, aunque no existe una base genética concluyente para las pesadillas, su aparición en varias generaciones dentro de algunas familias sugiere un cierto grado de influencia hereditaria. Además, ciertos hábitos de vida pueden provocar pesadillas, como compartir la habitación con los padres. La fiebre alta, el estrés psicológico, las dificultades para dormir y el uso de ciertos medicamentos antihipertensivos o antidepresivos también pueden contribuir a este efecto. Además, los trastornos de ansiedad pueden exacerbar las pesadillas.
La especialista argentina en traumas Andrea Mara Szecsenyi sostiene que las pesadillas están estrechamente relacionadas con traumas psicológicos no resueltos, imágenes profundamente grabadas o incluso historias contadas. Afirma: «Sin intervención psicológica, el trauma puede ejercer su influencia durante períodos considerables, tal vez años más tarde, o incluso durante toda la vida».
Segni explica que ciertos sueños no son una coincidencia para los niños, ya que están intrínsecamente relacionados con el desarrollo físico, como durante la dentición. Las pesadillas ayudan al cerebro en desarrollo a procesar las experiencias diurnas, el comportamiento de los padres, los estímulos visuales y todas las situaciones incomprensibles, aunque de forma anómala.
El Dr. Szegény hizo hincapié en que la psicoterapia sigue siendo el enfoque fundamental para superar la angustia de las pesadillas; confiar únicamente en la medicación conlleva el riesgo de un tormento persistente.
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