Cuando una madre de mal genio se encuentra con un bebé de mal genio
Encyclopedic
PRE
NEXT
Soy una persona de mal genio, que en ocasiones revela no rudeza, sino franca irascibilidad. Sin embargo, siempre encuentro excusas para mí mismo: mi corazón no es malo, carecer de un poco de refinamiento no es un gran pecado. En el trabajo, cuando pierdo los estribos, mis superiores y compañeros son comprensivos: no lo hago a propósito, solo pido perdón después. En casa, todos son familiares cercanos; desahogarme me hace parecer más importante.
Después de tener a mi hijo, pensé que podría seguir siendo tan arrogante y formidable como siempre. Es mi pequeño hombrecito, ¿no tendrá que aguantarme?
Las expectativas siempre son maravillosas; la realidad siempre es brutal.
La obstinación primitiva de un niño, con un temperamento más feroz que el de cualquier adulto, me deja totalmente incapaz de explicarle: «Mamá lo tiene difícil, mamá trabaja muy duro...».
¿Quién me ofrecerá una salida? ¡Qué agonía! Mirando a mi alrededor, solo puedo consolarme: es hora de cambiar de táctica, de adoptar un ritmo más lento. Al fin y al cabo, ¿quién sino yo misma ató esa campana al cuello del tigre?
PRE
NEXT