Pruebas de detección recomendadas para el cáncer de hígado
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El cáncer de hígado es un trastorno hepático relativamente común. Su aparición afecta negativamente a la salud de los pacientes y, en casos graves, puede poner en peligro la vida misma, lo que puede conducir a resultados fatales. Por consiguiente, es fundamental un tratamiento eficaz, lo que requiere enfoques terapéuticos adecuados. Entonces, ¿cuál es el método de diagnóstico óptimo para el cáncer de hígado? Investigaciones esenciales para el diagnóstico del cáncer de hígado 1.Ecografía en modo B. La ecografía, que se caracteriza por su facilidad de uso y su bajo coste, puede detectar la mayoría de las masas hepáticas y es el método más utilizado para diagnosticar el cáncer de hígado en fase inicial. Sin embargo, su precisión es menor en el caso de los nódulos más pequeños (diámetro <1 cm), por lo que es necesario combinarla con otras técnicas de imagen, como la TC o la RM (resonancia magnética), para obtener un diagnóstico definitivo.
2. Alfa-fetoproteína (AFP)
La AFP es actualmente uno de los métodos más específicos para diagnosticar el carcinoma hepatocelular. Desempeña un papel confirmado en el diagnóstico, la evaluación de la eficacia del tratamiento, la estimación del pronóstico y la prevención de la recurrencia, y a menudo sirve como complemento de las ecografías y las tomografías computarizadas.Cuando los niveles de AFP superan los 200 μg/L, se mantienen elevados durante más de dos meses y se descartan otras afecciones como el embarazo, la enfermedad hepática activa o los tumores de células germinales, se puede diagnosticar cáncer de hígado junto con los resultados de las pruebas de imagen.Sin embargo, cabe señalar que la AFP no puede diagnosticar todos los carcinomas hepatocelulares, ya que entre el 30 % y el 40 % de los pacientes presentan niveles negativos de AFP. En estos casos, el diagnóstico definitivo requiere investigaciones complementarias, como ecografías o tomografías computarizadas, complementadas, cuando sea necesario, con arteriografía hepática o biopsia con aguja guiada por ecografía.
3. Ecografía
La ecografía sirve como método de detección precoz del carcinoma hepatocelular, ya que presenta una alta tasa de detección de lesiones hepáticas. Se caracteriza por su facilidad de uso y su coste relativamente bajo.
4. Imagen por resonancia magnética (IRM)
La IRM ha experimentado un rápido avance en los últimos años. Gracias a las continuas mejoras tecnológicas, los tiempos de exploración son cada vez más cortos y la resolución más alta, lo que permite una evaluación más precisa de las lesiones hepáticas pequeñas. La IRM es ahora un método crucial para la detección precoz del cáncer de hígado.
Enfoques terapéuticos para el cáncer de hígado
1. Intervención quirúrgica
La resección quirúrgica sigue siendo el tratamiento principal para el cáncer de hígado. La extirpación temprana es crucial para mejorar las tasas de supervivencia, ya que los tumores más pequeños producen tasas de supervivencia a cinco años más altas. Las indicaciones para la cirugía incluyen:
① Diagnóstico confirmado con lesiones que se estiman confinadas a un solo lóbulo o a la mitad del hígado;
② Ausencia de ictericia significativa, ascitis o metástasis a distancia;
③ Compensación hepática adecuada con tiempo de protrombina ≥50 %;
④ Tolerancia cardíaca, hepática y renal suficiente. En pacientes con función hepática normal, el volumen de resección no debe superar el 70 % del hígado; en cirrosis moderada, la resección no debe superar el 50 % o limitarse a una hemihepatectomía izquierda; la cirrosis grave impide la lobectomía.Los hallazgos quirúrgicos y patológicos confirman que más del 80 % de los carcinomas hepatocelulares coexisten con cirrosis. Está ampliamente aceptado que la resección local ofrece resultados a largo plazo comparables a los de la lobectomía estándar, al tiempo que reduce la disfunción hepática postoperatoria y la mortalidad quirúrgica. Dada la elevada tasa de recurrencia que persiste tras la resección radical, se recomienda un seguimiento postoperatorio regular de los niveles de AFP y ecografías para detectar la recurrencia.
El seguimiento postoperatorio estrecho tras la resección radical detecta con frecuencia pequeños carcinomas hepatocelulares en la «fase subclínica» de la recurrencia. La reintervención es el tratamiento de elección en estos casos, con tasas de supervivencia a cinco años tras una segunda intervención que alcanzan el 38,7 %. Aunque el trasplante de hígado sigue siendo una opción terapéutica viable para el carcinoma hepatocelular, con numerosos informes procedentes del extranjero, su eficacia a largo plazo en el tratamiento de esta enfermedad aún no se ha establecido de forma definitiva. El uso prolongado de agentes inmunosupresores después de la operación a menudo conduce a la mortalidad del paciente debido a la recurrencia.En los países en desarrollo, la disponibilidad de donantes y las restricciones económicas han impedido su adopción generalizada en los últimos años.
2. Tratamiento quirúrgico paliativo
Indicado para tumores más grandes, distribución difusa, proximidad a vasos importantes o contraindicaciones de resección relacionadas con la cirrosis. Los enfoques incluyen la ligadura de la arteria hepática y/o la quimioterapia de la arteria hepática dirigida por catéter, la crioterapia, la ablación con láser, la terapia con microondas,Embolización intraoperatoria de la arteria hepática o inyección intratumoral de alcohol etílico absoluto. Estos enfoques pueden provocar la reducción del tumor y la disminución de la AFP sérica, lo que crea oportunidades para la resección por etapas. 3. Terapia multimodal integrada Representa una modalidad de tratamiento activa y eficaz para el carcinoma hepatocelular grande en estadio intermedio en los últimos años, que en ocasiones permite resecar tumores grandes irresecables al reducir su tamaño.Existen múltiples enfoques, normalmente basados en una combinación de doble modalidad de ligadura de la arteria hepática más quimioterapia transcatéter de la arteria hepática, complementada con radioterapia de haz externo para formar un régimen de triple modalidad, o combinada además con inmunoterapia para un enfoque de cuádruple modalidad. La triple modalidad o superior produce resultados óptimos. Tras la terapia integrada multimodal, las tasas de reducción del tumor alcanzaron el 31 %. Debido a la significativa reducción del tumor, el 38,1 % de los pacientes se sometió posteriormente a una resección en dos etapas.El Instituto del Cáncer de Hígado de la Universidad Médica de Shanghái también ha investigado la radioterapia hiperfraccionada y las terapias dirigidas. El enfoque combinado de radioterapia externa hiperfraccionada y quimioterapia con cateterismo de la arteria hepática consiste en: Semana 1: Quimioterapia intraarterial con cisplatino (CDDP) a 20 mg diarios durante tres días consecutivos. Semana 2: Radioterapia externa localizada en la región del tumor hepático a 2,5 Gy (250 rad) dos veces al día (por la mañana y por la tarde) durante tres días consecutivos.Un ciclo comprendía dos semanas, y este patrón alternativo se repetía cada dos semanas durante 3-4 ciclos. La terapia dirigida consistía en un cateterismo arterial intrahepático con anticuerpos ferritina anti-carcinoma hepatocelular marcados con 131I, anticuerpos monoclonales anti-carcinoma hepatocelular o lipiodol 131I, administrados mensualmente o bimensualmente. Entre los ciclos de tratamiento, se administraba CDDP intraarterial (20 mg) diariamente durante 3-5 días consecutivos.La adición de inmunoterapia, como interferón, polisacáridos de hongos shiitake o interleucina-2, junto con los tratamientos anteriores, produce resultados superiores. 4. Quimioterapia por embolización transarterial (TAE) Desarrollado en la década de 1980, este tratamiento tumoral no quirúrgico demuestra una excelente eficacia para el carcinoma hepatocelular, e incluso se recomienda como el enfoque no quirúrgico preferido.Normalmente, se utiliza lipiodol mezclado con agentes quimioterapéuticos, o lipiodol 131I o 125I, o microesferas 90Y para embolizar el suministro sanguíneo distal del tumor. Posteriormente, se emplean esponjas de gelatina para embolizar la arteria hepática proximal que irriga el tumor, lo que impide la formación de circulación colateral e induce la necrosis tumoral por isquemia.Los agentes quimioterapéuticos comunes incluyen 80 mg de CDDP, complementados con 100 mg de 5-FU, 1000 mg de mitomicina C (o 40-60 mg de doxorrubicina [ADM]). La infusión intraarterial precede a la embolización de la arteria hepática distal utilizando lipiodol emulsionado por ultrasonidos mezclado con 10 mg de mitomicina C (MMC). Las sesiones repetidas de quimioembolización de la arteria hepática producen resultados superiores.Los datos indican que, entre 345 casos de carcinoma hepatocelular grande irresecable, las tasas de supervivencia al año con la quimioterapia por infusión en la arteria hepática sola fueron solo del 11,1 %. La combinación con la embolización de la arteria hepática elevó la supervivencia al año al 65,2 %, con una supervivencia máxima de seguimiento de 52 meses. En treinta casos se logró la reducción del tumor, lo que permitió la resección quirúrgica.Este enfoque está contraindicado en pacientes con descompensación hepática grave y no es adecuado para aquellos con obstrucción de la vena porta principal debido a un trombo canceroso.
5. Inyección intratumoral de alcohol absoluto
La inyección transhepática percutánea guiada por ecografía de alcohol absoluto en el tumor trata el carcinoma hepatocelular. Está indicada principalmente para tumores inoperables con un diámetro ≤3 cm, ≤3 nódulos y cirrosis asociada. Puede ofrecer un potencial curativo para tumores pequeños, pero su eficacia es escasa para tumores >5 cm.
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