Pautas dietéticas para pacientes con enfermedades hepáticas en invierno: ¡3 puntos clave a tener en cuenta!
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El hígado no solo es el órgano metabólico más grande del cuerpo, sino que también influye en la digestión. Por ejemplo, la bilis producida por el hígado ayuda al tracto gastrointestinal a descomponer los alimentos. Por consiguiente, los pacientes con enfermedades hepáticas deben tener especial cuidado con la alimentación, sobre todo en invierno, cuando muchas afecciones, incluidas las hepáticas, son propensas a recaer. ¿Cómo deben ajustar su dieta los pacientes con enfermedades hepáticas en invierno? 1.Suplementos nutricionales adecuados
Si los pacientes con enfermedades hepáticas desarrollan infecciones, su estado puede empeorar. Por lo tanto, el invierno requiere un apoyo nutricional adecuado para reforzar la resistencia y la inmunidad. En primer lugar, es esencial la suplementación con hierro, ya que la mayoría de los pacientes con enfermedades hepáticas presentan anemia. Una ingesta adecuada de hierro reduce el riesgo de anemia a través de alimentos como los despojos, las espinacas, la carne magra de cerdo y las gachas de mijo.En segundo lugar, es fundamental tomar suplementos de proteínas y vitamina E. Las proteínas mejoran la capacidad inmunitaria del organismo, lo que reduce el riesgo de infección, mientras que la vitamina E posee potentes propiedades antioxidantes que disminuyen la probabilidad de necrosis de las células hepáticas. Las fuentes comunes de proteínas y vitamina E incluyen el pollo, la ternera, los plátanos y los pepinos.Además, los pacientes con enfermedades hepáticas deben complementar moderadamente su dieta con fibra y zinc. Esto mejora la función digestiva gastrointestinal y previene la exacerbación de la enfermedad causada por la reducción de los niveles de zinc. 2. Dominar los métodos de cocción correctos Al preparar los alimentos, los pacientes con enfermedades hepáticas deben procurar cocinar los ingredientes hasta que estén tiernos y blandos, ya que la mayoría sufre de una disminución de la capacidad digestiva.Al mismo tiempo, deben seguir los principios de bajo contenido en sal y aceite: la ingesta diaria de sal no debe superar los 5 gramos, el consumo de aceite de cocina no debe superar los 25 gramos y se debe dar prioridad a los aceites vegetales. Además, se debe minimizar el uso de condimentos, ya que son ricos en calorías y pueden irritar el hígado.
3. Control de las calorías
Las personas con enfermedad hepática también deben controlar su ingesta de calorías para prevenir los cambios en el hígado graso relacionados con la obesidad. Deben minimizar el consumo de alimentos fritos y productos con alto contenido en azúcar, como donuts y pasteles. El tamaño de las raciones debe controlarse de forma razonable, evitando comer en exceso en cada comida; es aconsejable intentar llenarse entre un 70 % y un 80 %.
Recordatorio amistoso
Aunque el hígado es vulnerable a sufrir daños, mantener un estilo de vida y unos hábitos alimenticios saludables puede ayudarle a funcionar de forma óptima a largo plazo.Por lo tanto, incluso si actualmente no se presentan síntomas, se deben adoptar prácticas beneficiosas: mantener una dieta ligera, abstenerse de consumir tabaco y alcohol, y realizar ejercicio físico adecuado. Esto mejora la función metabólica y la respuesta inmunitaria, al tiempo que facilita la eliminación o descomposición de las toxinas y grasas acumuladas, reduciendo así el riesgo de daño a las células hepáticas.
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