Los padres deben elogiar a sus hijos con frecuencia
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Muchos padres consideran la educación en el hogar como un proceso orgánico y cotidiano. En otras palabras, sus «métodos» deben fomentar constantemente la capacidad de los niños para adaptarse a la vida social y desarrollar habilidades para la vida independiente. Aunque esta filosofía educativa parece sencilla, a menudo algunos padres la pasan por alto, de forma intencionada o no, o la aplican con enfoques erróneos. Por lo tanto, los padres deben reconocer las etapas de desarrollo de sus hijos y asegurarse de que la espontaneidad de la educación se ajuste a sus hitos de desarrollo.
La educación más temprana después del nacimiento de un niño debe hacer hincapié en el estímulo más que en la prohibición. Al criar a un recién nacido, surgen desafíos: durante la alimentación, las pequeñas manos del bebé agarran la cuchara; cuando están contentos, agitan los dedos o intentan chuparse los dedos de los pies; a medida que crecen un poco más, coordinan sus extremidades y aprovechan cada oportunidad para gatear.En esta etapa, los adultos deben abstenerse de decir «no». Preocupados por que la cuchara pueda pincharle la boca, le regañan: «¡No la cojas!». Temiendo que se caiga de la cama, le prohíben: «¡Deja de gatear!». Los expertos en educación creen que cada uno de estos «noes» envía al niño un mensaje: no puedo hacer nada bien, no soy bueno en nada. Los niños poseen un impulso innato por la actividad. Lo que los padres deben hacer es apoyar, guiar y proporcionar oportunidades para satisfacer su necesidad de moverse, en lugar de simplemente detenerlos.
A medida que los niños desarrollan su comprensión del lenguaje y comienzan a entender el habla de los adultos, imitan el comportamiento de estos, a veces incluso subvirtiendo sus enseñanzas con sus propias acciones. Por ejemplo, si le enseñas a tu hijo a no mentir, pero te pillan poniendo excusas o engañando a otros, rechazará tu lección de «no mentir» y aprenderá a engañarse a sí mismo.
Para cultivar la personalidad independiente de un niño, evita rechazar constantemente todas sus peticiones con un «no». A medida que se desarrolla su sentido del yo, los niños se esforzarán por conseguir la mayor «libertad» posible. Dejan de cumplir sin cuestionar las exigencias de los adultos y ya no se consideran inadecuados o defectuosos. En cambio, perciben cada vez más que los adultos están equivocados y consideran que muchas de sus exigencias y restricciones son «irrazonables».
Esta conciencia se intensifica progresivamente desde la infancia hasta la adolescencia, culminando en una fase máxima que denominamos «período de independencia de la personalidad» o «segundo nacimiento del niño». Durante este tiempo, los niños pueden parecer desobedientes en todos los aspectos, mostrando tendencias rebeldes hacia los adultos.Los adultos deben comprender y guiar este cambio psicológico. Comprenderlo implica reconocer que el niño está madurando y que este sentido del yo es esencial para su desarrollo. Guiarlo implica ayudarle a comprender que «aunque te estás acercando a la edad adulta, tu sabiduría, madurez emocional y comportamiento social siguen siendo inmaduros». Cuando un niño cree que tiene razón y se enfrenta a sus padres, recuérdale que «considere cuáles de las palabras de sus padres son correctas y cuáles son beneficiosas para su crecimiento».
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