¿Deben los padres compartir sus sentimientos con sus hijos?
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¿Deben los padres compartir su angustia emocional con los niños pequeños? ¿Es apropiado discutir las preocupaciones de los adultos con niños tan pequeños? Si bien las conversaciones que agobian las mentes jóvenes son innecesarias, los expertos sugieren que, dentro de los límites de la comprensión del niño, explicar las razones detrás de la infelicidad de los padres puede evitar que el niño se culpe a sí mismo por el estado emocional de sus padres.Entonces, ¿cómo pueden los padres evaluar si sus propias emociones están afectando negativamente al desarrollo de sus hijos?
Plantéese las siguientes preguntas: ¿Tiene energía para jugar con su hijo y mostrar un interés genuino en sus necesidades de desarrollo en cuanto a actividad y exploración? ¿Es capaz de ofrecerle un estímulo positivo adaptado a sus necesidades? ¿Es posible que sus expectativas sean demasiado exigentes, lo que hace que su hijo se sienta constantemente insuficiente?¿Reconoce los comportamientos apropiados para su edad sin perder los estribos? ¿Es capaz de fomentar la independencia al tiempo que aborda la dependencia? ¿Interactúa con alegría, ira, tristeza y felicidad, en lugar de dejar que domine la melancolía? Si cree que sus emociones están afectando a su hijo, considere este enfoque: Evite cargar a su hijo con sus problemas o utilizarlo como confidente.
Explique las cosas de forma concisa, sin entrar en detalles sobre sus problemas. Simplemente diga: «Papá se siente un poco triste hoy» o «Mamá ha tenido un pequeño problema en el trabajo».
Reconozca su mal humor y deje claro que es un problema suyo: «Los adultos tenemos problemas de adultos que debemos resolver nosotros mismos. Así que no te preocupes por eso».
Comprenda sus sentimientos: «Me siento triste y eso te molesta, ¿verdad?» o «¡Ojalá me sintiera mejor para poder jugar contigo!». Tranquilícelos: «No es culpa tuya». Explíqueles que su estado de ánimo no tiene nada que ver con ellos y que, a pesar de sentirse triste, los quiere mucho.
Haga hincapié en que los estados de ánimo cambian. Explíqueles que, aunque ahora se sienta triste, es posible que pronto se sienta mejor.Si su hijo se esfuerza por consolarle, acercándose para darle un abrazo, ofreciéndole una galleta o intentando hacerle reír, recuerde decirle: «¡Ahora me siento mucho mejor!». En resumen, los padres no deben cargar a los niños con sus altibajos emocionales. En cambio, hágales saber que ellos también pueden apoyarle.
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