La edad óptima para abordar el comportamiento irritable
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En un simposio celebrado en Hong Kong sobre el comportamiento agresivo de los niños, académicos, educadores, trabajadores sociales y padres llegaron a la conclusión, tras debatir el tema, de que dicha conducta se debe a factores familiares, educativos, sociales y personales. Los asistentes coincidieron unánimemente en que una mayor colaboración entre el hogar y la escuela y una mayor conciencia social podrían mitigar eficazmente o incluso prevenir dicho comportamiento.
Feng Lishu, doctoranda del Departamento de Trabajo Social y Administración Social de la Universidad de Hong Kong, afirmó que la forma más eficaz de abordar las tendencias agresivas de los niños es antes de los diez años. De lo contrario, la influencia de los compañeros durante la adolescencia puede exacerbar dicho comportamiento. Definió el comportamiento agresivo como el que incluye desobediencia frecuente, arrebatos emocionales, acoso a otros, daños a la propiedad y agresión física.Según su análisis, los factores que desencadenan este tipo de comportamiento son: una disciplina parental excesivamente estricta; problemas matrimoniales en la familia; sufrir acoso o exclusión en la escuela, lo que provoca sentimientos de ser el blanco de las burlas; y la exposición a contenidos violentos en programas de televisión, videojuegos y cómics.
La Dra. Tsang Kit-man, profesora asociada del Departamento de Trabajo Social y Administración Social de la Universidad de Hong Kong, recomendó fomentar la colaboración entre el hogar y la escuela para apoyar el desarrollo saludable de los niños.Señaló que el mayor reto de la colaboración entre el hogar y la escuela radica en que los padres y los profesores no logran coordinarse estrechamente y abordar con prontitud los problemas que surgen. Sin duda, una colaboración estrecha, basada en la confianza y el entendimiento mutuo entre el hogar y la escuela puede mejorar el comportamiento agresivo de los niños. En el seminario, la madre Xie compartió su experiencia personal, ilustrando la importancia fundamental de la colaboración entre el hogar y la escuela en las interacciones educativas con niños que muestran un comportamiento agresivo.
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