¿Qué señales de alerta deben tener en cuenta los hombres obesos?
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1. Diabetes
La obesidad está estrechamente relacionada con la diabetes. Una encuesta realizada a más de 310 000 personas en 14 provincias y municipios de China reveló que la prevalencia de la diabetes es del 0,26 % entre la población general, mientras que alcanza el 2,82 % entre las personas con sobrepeso, más de diez veces superior.Las personas con obesidad consumen más alimentos de los que su cuerpo necesita. Esta ingesta excesiva estimula al páncreas a secretar insulina en exceso, lo que conduce a la hiperinsulinemia. Dado que las células de las personas obesas son insensibles a la insulina, esto promueve aún más la secreción de insulina, lo que aumenta la carga sobre el páncreas. Esto provoca hiperplasia e hipertrofia de las células pancreáticas, lo que con el tiempo puede conducir a una insuficiencia pancreática y a la aparición de diabetes.Además, la obesidad suele coexistir con hiperlipidemia, a menudo acompañada de metabolismo hiperlipidémico. Esto eleva los ácidos grasos libres, agrava los trastornos del metabolismo de los carbohidratos y aumenta la susceptibilidad a la diabetes.
2. Hipertensión
La obesidad constituye un factor de riesgo significativo para el desarrollo y la progresión de la hipertensión. Un estudio realizado en personas de mediana edad y ancianas reveló una tasa de prevalencia de hipertensión del 7,55 % entre las personas con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 20, que aumentaba al 20,26 % entre las personas con un IMC entre 24 y 26. Cuando el IMC superaba los 28, la tasa de prevalencia alcanzaba el 36,89 %.En las personas obesas, el aumento sustancial del tejido adiposo requiere un mayor volumen sanguíneo y un mayor gasto cardíaco para satisfacer las demandas fisiológicas. La sobrecarga cardíaca prolongada conduce a la hipertrofia ventricular izquierda y al aumento de la presión arterial. Además, la obesidad suele coexistir con la hiperinsulinemia, en la que la insulina promueve la reabsorción de sodio en los túbulos renales distales, lo que provoca la retención de sodio y contribuye a la hipertensión.Por otra parte, las personas obesas presentan una mayor actividad cortical suprarrenal, un aumento de las tasas de conversión de cortisol y una mayor hidroxilación de la corticosterona y la deshidrocorticosterona, lo que contribuye al aumento de la presión arterial. En consecuencia, la obesidad representa un factor de riesgo significativo para la hipertensión.
3. Arteriosclerosis y cardiopatía coronaria
Los datos de la encuesta indican que la prevalencia de la cardiopatía coronaria es del 4,72 % entre las personas con un índice de masa corporal (IMC) inferior a 20, aumenta al 9,91 % entre las personas con un IMC de 24 a 26 y alcanza el 16,51 % entre las personas con un IMC superior a 28.La obesidad suele coexistir con la hipertrigliceridemia, lo que contribuye a la aterosclerosis. Factores como el exceso de peso corporal, el aumento de la superficie corporal, el exceso de tejido adiposo y el aumento de la carga cardíaca (incluida la carga miocárdica debida al depósito de grasa dentro y alrededor del corazón) pueden provocar isquemia miocárdica e hipoxia. La reducción de la actividad física en las personas obesas, junto con el debilitamiento o la insuficiencia de la circulación colateral coronaria, agrava aún más estas afecciones.Todos estos factores pueden contribuir a la aterosclerosis y a la cardiopatía coronaria. 4. Insuficiencia respiratoria Denominada clínicamente síndrome de obesidad-hipoventilación, también conocido como síndrome de hipoventilación.En personas con obesidad grave, los depósitos excesivos de grasa en el tórax y las paredes abdominales restringen el movimiento respiratorio, lo que da lugar a una respiración superficial y a una reducción del volumen espiratorio. Esto disminuye la capacidad residual funcional, situando los pulmones cerca del estado espiratorio final. La consiguiente disminución del volumen corriente reduce la ventilación alveolar, lo que limita el intercambio de gases y provoca la retención de dióxido de carbono. Esto conduce a una disminución de la saturación de oxígeno arterial, lo que puede provocar cianosis.La hipoxia prolongada puede inducir posteriormente policitemia, aumentando al mismo tiempo la viscosidad de la sangre, lo que aumenta la resistencia circulatoria y la carga de trabajo cardíaco. Esta progresión puede conducir a hipertensión arterial pulmonar y cor pulmonale crónico. 5. Hígado graso La obesidad puede inducir esteatosis hepática, lo que da lugar a hepatomegalia.En las personas obesas, las dietas prolongadas ricas en carbohidratos y grasas, junto con la hiperinsulinemia, hacen que la síntesis de triglicéridos hepáticos supere ampliamente la capacidad de transporte del hígado. Alternativamente, puede producirse una alteración en la exportación de triglicéridos a través de las lipoproteínas de muy baja densidad, lo que conduce a la acumulación de triglicéridos hepáticos y a la enfermedad del hígado graso.
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