Los peligros del formaldehído
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Numerosos informes médicos indican que el contacto directo de la piel con el formaldehído puede provocar reacciones alérgicas, dermatitis o eccema, que se manifiestan como prurito, eritema, dermatitis o necrosis. Las personas con exposición ocupacional al formaldehído suelen experimentar estos síntomas.
Por lo tanto, debe evitarse el contacto directo de la piel con el formaldehído. En caso de contacto accidental, enjuague inmediatamente la zona afectada con agua limpia.
Efectos cancerígenos
Numerosos estudios científicos y experimentos con animales han indicado desde hace tiempo que la exposición prolongada al formaldehído puede contribuir al desarrollo del cáncer.
La exposición prolongada permite que se acumulen trazas de formaldehído en el organismo. Aproximadamente el 35 % se metaboliza en ácido fórmico y se excreta a través de la orina, mientras que el 65 % restante se descompone en dióxido de carbono y agua. Este proceso puede causar degeneración celular y anomalías.
Irritación de las vías respiratorias
El componente principal del formaldehído es el formaldehído, que es muy volátil y un potente irritante. Su inhalación puede irritar las membranas mucosas de la boca, la nariz y las vías respiratorias, causando síntomas que van desde molestias leves (dolor, tos, aumento de la flema, insomnio, náuseas, dolores de cabeza) hasta inflamación grave o incluso edema de las vías respiratorias. Su ingestión puede ser mortal.
Prevención del envenenamiento por formalina
Como solución acuosa de formaldehído, la formalina se almacena normalmente a una temperatura de entre 23 °C y 26 °C. Las temperaturas elevadas aceleran su evaporación. Por lo tanto, para prevenir el envenenamiento no solo hay que evitar la ingestión accidental, sino también protegerla del calor ambiental excesivo que podría provocar la liberación de formalina.
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