Seis principios esenciales para que los padres cultiven la responsabilidad en los niños
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Los niños que carecen de sentido de la responsabilidad no solo descuidan sus propios asuntos, sino que también muestran indiferencia hacia los demás. Tienen poca motivación para superarse y albergan hábitos profundamente arraigados de evasión, elusión y eludir responsabilidades. Por lo tanto, los padres deben cultivar hábilmente el sentido del deber de sus hijos a través de las experiencias de la vida cotidiana, enseñándoles a cumplir con sus roles sociales.
Hoy en día, muchos padres sienten que sus hijos carecen de responsabilidad, que no se preocupan por ellos ni por los demás miembros de la familia y que se obsesionan excesivamente con ellos mismos, preocupándose solo por comer bien, vestir bien y jugar bien. Sin embargo, pocos se plantean por qué los niños se vuelven egoístas e indiferentes, o cómo el comportamiento de los padres influye en esta falta de responsabilidad. En realidad, la mayoría de los padres nunca dan a sus hijos la oportunidad de practicar la responsabilidad.
Por ejemplo, cuando los padres y los hijos salen juntos, las manos del niño están siempre vacías: la bolsa más pesada la lleva siempre el padre. A la hora de comer ocurre lo mismo: los padres siempre preguntan primero: «¿Qué te apetece comer? Te lo traigo». Cuando se necesita un taxi, los padres suelen llamarlo de forma proactiva, luego abren la puerta y dejan que el niño entre primero.Además, estos pequeños gestos persisten a medida que el niño crece, incluso hasta la edad adulta. Los padres pueden lamentarse ocasionalmente de la falta de consideración de sus hijos, pero en situaciones similares posteriores, invariablemente vuelven a hacerse cargo. Por lo tanto, los padres deben abstenerse de criticar a sus hijos y, en cambio, permitirles realizar tareas adecuadas a su edad en la vida diaria. Los asuntos que un niño puede manejar de forma independiente no deben ser manejados por los padres.Quienes asumen responsabilidades en la infancia las llevarán bien en la edad adulta. La gente reconoce el viejo adagio: «Los niños pobres crecen rápido». ¿Por qué maduran tan rápidamente los niños pobres? Porque las duras realidades de la vida les obligan a asumir prematuramente la carga de mantener a sus familias. El momento en que comienzan a asumir responsabilidades marca el inicio de su maduración.Los padres modernos no tienen por qué cargar a sus hijos con responsabilidades tan pesadas a una edad tan temprana, pero deben concederles la libertad de actuar dentro de sus posibilidades. ¿Qué papel deben desempeñar los niños? En primer lugar, deben ser buenos hijos. Hay que guiar a los niños para que desempeñen diversas funciones, siendo la más importante la de ser buenos hijos dentro de la familia. En nuestra juventud, el concepto de buen hijo era sencillo: la obediencia equivalía a la bondad.
Hoy en día, la noción de buen hijo debe estar en consonancia con el desarrollo familiar. ¿Qué implica esto? Significa cumplir las normas del hogar y desempeñar activamente el papel de hijo dentro de la casa. Honrar a los padres y cuidar de los abuelos son deberes de un buen hijo. Más allá de esto, un buen hijo también debe asumir ciertas responsabilidades en casa. Por ejemplo, ayudar con las tareas domésticas cuando sea necesario o ordenar su propia habitación. Los padres deben asignar responsabilidades a sus hijos de forma proactiva, en lugar de asumir todo ellos mismos.
Un buen hijo también tiene derecho a participar en los asuntos familiares, siendo un miembro activo del hogar. Muchos padres suelen descartar a sus hijos durante las discusiones, diciendo: «Estamos hablando de asuntos que no te conciernen; ocúpate de tus cosas». Los padres suelen pasar por alto la condición de los hijos como miembros de la familia. En realidad, los hijos son parte integrante del hogar; es fundamental tener en cuenta sus sugerencias y darles la oportunidad de expresar sus opiniones.
Por ejemplo, cuando la familia está pensando en comprar una propiedad, todo el hogar debería discutirlo juntos. Aunque un niño puede no ofrecer a los padres el mismo nivel de visión crítica que un adulto, la importancia de que los padres los involucren activamente no radica en el valor de su opinión, sino en inculcarles un sentido de responsabilidad. Este sentido de responsabilidad siembra una semilla en la mente del niño, haciéndole consciente de que él también es parte de la familia, que debe participar y expresar sus opiniones cuando surgen asuntos.Esta semilla tiene un profundo significado para cultivar un sentido de pertenencia a su futuro y para su participación proactiva en los roles sociales. Por lo tanto, la definición de un buen niño es multifacética y abarca su participación en la toma de decisiones, la asunción de responsabilidades y su crucial proceso de aprendizaje para convertirse en un miembro activo de la familia. En segundo lugar, convertirse en un buen estudiante.
El aspecto más crucial de este papel es la mejora continua y proactiva de las capacidades intelectuales, algo fundamental para cualquier estudiante. Además, el niño ha dado un pequeño paso más allá de la familia hacia la sociedad; en la escuela, debe afrontar todos los retos que conlleva su papel.
Deben aprender a interactuar con los demás, en particular con sus compañeros. En segundo lugar, deben empezar a comprender los diferentes roles sociales de hombres y mujeres, por ejemplo, que los niños son vivaces y atrevidos, y las niñas tranquilas y concienzudas. Más allá de esto, incluye aprender a participar en las elecciones cuando se presentan a cargos de delegados de clase. Durante las competiciones, deben aprender a funcionar como parte de un equipo, a respetar a los demás y a influir en ellos, todas ellas tareas vitales para la socialización.
Por lo tanto, los padres deben hablar regularmente con sus hijos sobre cuestiones como: «¿Qué tipo de amigos te gustan? ¿Cómo crees que te tratan tus compañeros en clase?». Todas estas preguntas están relacionadas con el desarrollo de su papel como estudiantes.
En tercer lugar, convertirse en un buen ciudadano.
Más allá de ser buenos hijos y buenos estudiantes, los niños también deben prepararse para ser buenos ciudadanos. La ciudadanía abarca tres conceptos fundamentales.
En primer lugar, el concepto de derechos y obligaciones. Esto es fundamental y vital. Como miembros de la sociedad, todos poseemos derechos humanos básicos. Los padres deben guiar a sus hijos para que comprendan estos derechos durante su desarrollo. Al mismo tiempo, existen obligaciones: los ciudadanos deben asumir las responsabilidades correspondientes junto con sus derechos. Algunos ejemplos son el mantenimiento de la cohesión social y el avance del progreso social. Los derechos y las obligaciones son recíprocos.
En segundo lugar, el valor cívico fundamental es el sentido de la agencia.¿En qué consiste este sentido de la agencia? Significa que los ciudadanos son participantes activos en la sociedad, influyen en ella y se comprometen con ella, expresando sus opiniones sobre cuestiones sociales. Este es un componente vital de la conciencia cívica. Una vez conocí a un padre de la provincia de Guangdong que encontraba desconcertante el interés de su hijo por la política nacional. Creía que los niños criados en regiones desarrolladas debían sentirse atraídos naturalmente por la economía. Su hijo, comprometido con la política, le hacía sentir constantemente incómodo, como si su descendencia estuviera de alguna manera «fuera de lugar».En realidad, todos los niños se enfrentan inevitablemente a su relación con la sociedad durante su desarrollo. El compromiso consciente de un niño con los asuntos sociales es totalmente natural; esa atención deliberada constituye un paso fundamental para cultivar su sentido de la responsabilidad social.
Seis principios comunes para fomentar la responsabilidad en los niños:
(1) Los padres deben cultivar la responsabilidad empezando por el propio niño, inculcándole el sentido del deber y corrigiendo los comportamientos irresponsables del pasado.
(2) Utilizar libros, medios de comunicación, películas y experiencias parentales para explicar los roles sociales y las responsabilidades que los niños deben asumir en cada etapa de su desarrollo.
(4) Permitir que los niños experimenten las responsabilidades familiares asignándoles tareas domésticas.
(5) Elogiar y fomentar el comportamiento responsable, al tiempo que se critican y corrigen las acciones irresponsables. Esto refuerza el sentido del deber de los niños hacia los demás.
(6) Evitar sobreproteger a los niños; dejar que se ocupen de sus propias responsabilidades y afronten las consecuencias de sus actos.
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